Hay que hacer una revolución
poética,
tapizar las calles
del verde lino que conllevan las letras.
Hay que dar gritos
de protesta
que armonicen con el canto
de todos,
que es nuestro propio canto.
Hay que hacer una revolución
improvisada,
desde el pan hasta la aduana,
desde mi alma hasta tu almohada.
Una revolución
carnal,
que una al mendigo con el empresario
y al señor con el esclavo.
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